Incómodo acto con un presidente africano

Un clima de tensión política y de malestar se vivió ayer en la Casa Rosada durante la visita del presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, a quien la presidenta Cristina Kirchner cuestionó en público por las violaciones de los derechos humanos en aquel país africano. Fuentes de la Casa Rosada revelaron a LA NACION que, además, la jefa del Estado se quejó ante algunos funcionarios del más alto rango por haberse visto expuesta en una reunión con un mandatario acusado de dictador.

Sin embargo, tal como estaba previsto, la Presidenta firmó por la noche acuerdos de cooperación en energía, derechos humanos, educación, ciencia e infraestructura con quien accedió al poder con un golpe de Estado en 1979.

Horas antes, Obiang había sido agasajado por el Congreso. Allí cuestionó a los medios y a dirigentes opositores que boicotearon la ceremonia, aunque también fueron muy pocos los legisladores oficialistas presentes.

En ese contexto, durante el acto en el que se firmaron los acuerdos, Cristina Kirchner primero rubricó los convenios y luego apuntó hacia su par: “Ustedes cuentan con inmensos recursos hidrocarburíferos en un mundo donde la energía, el petróleo y el gas son indispensables. Pero no puedo dejar de expresarle, señor presidente, nuestra honda preocupación por la situación de los derechos humanos en su país”.

Obiang, denunciado por Amnistía Internacional por violaciones a los derechos humanos, pareció tan incómodo como sorprendido. Pocos minutos antes había tenido un anticipo: un solo ministro le había estrechado la mano. Fue el de Planificación Federal, Julio De Vido. El canciller Jorge Taiana y los ministros de Ciencia, Lino Barañao, y Educación, Juan Carlos Tedesco, prefirieron ignorarlo.

La Presidenta intentó maquillar con tal intervención pública la invitación a uno de los líderes africanos más cuestionados. Dijo más, incluso: "El convenio más importante es el de cooperación en materia de buen gobierno y derechos humanos. Sé que hay elecciones este año en su país. Quisiera tomarme el atrevimiento de sugerirle que considere la presencia de veedores de nuestro país". Este tema no figuraba en la agenda.

La organización de la visita de Teodoro Obiang corrió por cuenta de la Cancillería. De allí que Jorge Taiana haya sido uno de los principales destinatarios de la ira presidencial. "Está muy molesta", confirmaron a LA NACION por la noche en la Casa Rosada. En la oposición rechazaron la idea de que la Presidenta no hubiera estado al tanto de los antecedentes de su huésped (ver aparte).

Por las dudas, la Cancillería explicó ya entrada la noche: "El presidente de Guinea viajará ahora a Brasil para continuar con su gira latinoamericana. La visita a ambos países fue organizada en el marco de la asistencia que la Argentina y Brasil buscan darle para la apertura democrática".

Curiosamente, durante los días previos a la visita el tema de los derechos humanos no había sido mencionado en las extensas gacetillas difundidas por la Cancillería. Sí, en cambio, se había enfatizado sobre que Guinea era el tercer productor de hidrocarburos del Africa subsahariana.

El vínculo, en verdad, no resulta novedoso. El primer ministro de Guinea Ecuatorial, Ricardo Mangue Obama, había viajado a la Argentina para la asunción de Cristina Kirchner. Y el canciller, Pastor Michá Ondó, suscribió en noviembre con Taiana un memorando para relanzar las relaciones bilaterales.

"Hay una política de acercamiento de Guinea a la región. Por eso vino Obiang", señalaron en la Cancillería.

Malestar

La reunión pública transcurrió durante no más de 20 minutos. Después, la Presidenta se reunió con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández -no estuvo en el acto-, y los ministros Florencio Randazzo (Interior), Martín Lousteau (Economía), Barañao y Tedesco. Según revelaron a LA NACION en la Casa Rosada, no ocultó allí su malestar por la exposición pública negativa.

No resultó casualidad, en ese contexto, que el eje del acto haya sido la crítica reiterada a la violación de los derechos humanos en Guinea Ecuatorial. No estaba previsto, pero así se definió después de advertir el rechazo que había generado el encuentro con Obiang, que accedió al poder tras derrocar y ejecutar a su tío, el entonces presidente Francisco Macías Nguema.

"Queremos ayudar a una mejor democratización y a una mejor vigencia de los derechos humanos. Yo lo escuchaba atentamente acerca de las posibilidades que tiene un país con tantos recursos y lo que puede hacer en sinergia con otro país como el nuestro, que tiene posibilidades de ciencia, de tecnología, de industrialización, pero eso también requiere un marco para alcanzar ese desarrollo de respeto irrestricto a los derechos humanos", señaló Cristina Kirchner.

Se había tomado de una frase del canciller de Obiang, que más temprano había considerado a la Argentina "líder" en materia de derechos humanos. "Es un orgullo para mí como argentina ejercer parte de ese liderazgo en el mundo, no reconocido solamente por ustedes, sino por todo el mundo. Por eso no puedo dejar de expresarle nuestra honda preocupación por la situación de los derechos humanos en su país."

La reunión se había pautado para que el Gobierno aprovechara los recursos energéticos que sobran en Guinea y no sobran en la Argentina. Terminó como una novela, con reproches públicos a un presidente y fuertes críticas a los ministros.



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